César Medina
Después de sus declaraciones imprudentes en Cotuí haciendo alardes con carabina vacía, a Candelier le quitaron la carabina de verdad, la que estaba llena.
De forma inesperada para él, dos o tres hombres enviados por el mismo “carajo” a quien él se negó a cogerle el teléfono ñnada menos que el jefe de la Policíañ lo pararon en la calle, le requisaron el vehículo y le quitaron una metralleta cuya posesión no estaba del todo clara a pesar de su condición de General retirado.
Dos hijos suyos ñuno de ellos oficial del Ejércitoñ también fueron “allanados” por orden superior. Similar suerte han corrido colaboradores cercanos y allegados políticos.
La semana pasada el jefe de la Policía, mayor general Polanco Gómez, quiso comunicarse con Candelier por teléfono para advertirle ñcomo amigo y ex subalternoñ que habían causado mucha preocupación en círculos militares y organismos de seguridad del Estado sus declaraciones en el sentido de que “explotaría” a cualquiera que intente evitar que los perredeístas voten el 20 de mayo, como aseguró planeaba el PLD.
“Dígale a ese carajo que yo no tengo nada qué hablar con él...”, le dijo Candelier a un asistente del jefe de la Policía cuando intentó pasarle el teléfono móvil con Polanco Gómez en línea.
ó”Muy bien... Comuníquele entonces al ex-general Candelier que como él fue jefe de la Policía sabe muy bien cómo se actúa en estos casos...”, reaccionó con su habitual caballerosidad Polanco Gómez.
A partir de entonces le tienen “un gardeo a presión y a toda cancha”, para usar la jerga de los basquetbolistas, el deporte que apasiona al duro ex-militar y ex-policía.
Le mandaron a Brown
Al general Juan Gerónimo Brown Pérez lo mandaron a supervisar la región Nordeste de la Policía, con particular atención en la provincia Sánchez Ramírez, la misma que coordina políticamente Candelier a favor de la candidatura de Hipólito Mejía.
A Brown se le considera uno de los oficiales más prometedores y de mayor futuro en las filas de la Policía. Es un hombre muy joven, de mucho prestigio profesional y de trato amable y cortés. Pero firme y enérgico en el cumplimiento del deber.
Él y Candelier tienen “algo” pendiente desde que el entonces jefe policial lo desconsideró cuando tenía el rango de teniente coronel, en el 2001 durante el gobierno de Mejía.
El propósito no es retaliar a Candelier ñy en eso el presidente Fernández ha sido preciso al impartir instruccionesñ, pero sí evitar “a cualquier precio” que el ex-jefe policial cumpla su amenaza de “explotar” a los peledeístas el 20 de mayo.
Ese día ñsegún la advertencia de Candelierñ los perredeístas celebrarán el “triunfo” de Hipólito. “O harán otra cosa...”
Brown fue destacado en esa plaza poco después de las declaraciones de Candelier. Desde entonces los organismos de seguridad le siguen hasta la sombra.
Ominosa advertencia
El candidato Mejía ha actuado con imprudencia y poco tacto en el manejo del tema militar en esta campaña.
Ayer volvió a repetir su amenaza de que los militares que supuestamente están “chantajeando” a los perredeístas tendrán que responder por sus actos después de las elecciones.
Y fue mucho más lejos. Dijo que denunciará ante la OEA esa alegada injerencia de los militares en la campaña electoral en contra de su candidatura.
Mejía ha chocado con los mandos militares desde el inicio mismo de la campaña. Las Fuerzas Armadas se vieron precisadas a emitir un comunicado reiterando su apoliticidad y apego a la Constitución. Pero el candidato perredeísta ha insistido en que se presiona a oficiales simpatizantes suyos.
Fuentes vinculadas a los asuntos militares consideran que el ex-presidente Mejía ha sido influenciado en ese sentido no sólo por Candelier sino también por el grupo de oficiales retirados que encabeza el ex-jefe policial Jaime Marte Martínez.
Faltando solo 10 días para las elecciones, no parece ya que exista la posibilidad de conciliar los intereses políticos del candidato perredeísta con los mandos militares. Personas vinculadas a ambos sectores han hecho gestiones para destensar un poco las animosidades, pero ha resultado imposible.

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