Al comenzar este modesto aporte, voy a referirme al fanatismo y para ello, debemos ir a la definición para su mejor comprensión. En consecuencia, nos preguntamos: ¿Qué es el fanatismo? No es más que el apasionamiento de una persona que defiende con tenacidad desmedida sus creencias u opiniones. Se entusiasma y se preocupa ciegamente por algo y desarrolla una adhesión incondicional, conduciéndolo a una ceguera mental que lo induce a veces actuar de manera violenta e irracional.
El fanatismo se manifiesta en los seres humanos en diversas facetas de la vida, entre las cuales podemos citar la religiosa, la musical, la deportiva y, quizás, la más perturbadora de ellas: la política. Digo esto, porque en esta ciencia social está en juego el destino de una nación determinada y, en consecuencia, la vida de millones de seres humanos y la estabilidad entre las naciones. Como he manifestado en otras ocasiones, si hay una tendencia política que practica al máximo el fanatismo lo ha sido siempre la ideología socialista, sus seguidores y sus apologistas. Algo importante a señalar desde el punto de vista sicológico es que, esta ciencia establece que el fanatismo surge a partir de la necesidad de seguridad que experimentan las personas que, justamente, son inseguras. Se trata de una especie de mecanismo de compensación frente a un sentimiento de inferioridad.
Lo anterior viene al caso, porque resulta que fruto de ese fanatismo irracional, insensato, inmoral e hipócrita, los socialistas (entiéndase comunistas) que han sido siempre tan sensibles a la intromisión de naciones poderosas en los asuntos internos de otros países, tan reacios a la invasión militar y, por ende, a la violación de la soberanía de un estado y, de igual manera, al robo, las violaciones sexuales a mujeres, y el maltrato a los ciudadanos de una nación ocupada, de repente cambian esa actitud «revolucionaria y progresista» de cara a la invasión salvaje, cruel, despiadada y sin sentido de justificación, como lo ha sido la del imperialismo Ruso en contra de Ucrania, basado en una simple suposición o teoría de ataque del presidente de esa nación el Carnicero de San Petersburgo, Vladimir Vladimirovich Putin Putina.
Lo que ayer era «inconcebible, inaceptable, impropio, imperialista, abusador y una intromisión en los asuntos internos y soberanos de una nación libre y soberana», cuando se referían a los Estados Unidos y a Occidente, ahora en el caso de Rusia en contra de Ucrania, es un acto «heroico, justificable, digno, patriótico, defensivo y propio de una nación que supone que está siendo agredida». Obviamente, aquí entra en juego el fanatismo irracional y violento del cual hice mención más arriba de los seguidores y apologistas de estos gobiernos y líderes autoritarios, que se creen o piensan que el mundo y los demás deben girar en torno a ellos y sus creencias. Esto a lo largo de la historia de Rusia no es casual estimados lectores, sino más bien, que corresponde a un patrón histórico entre muchos de sus gobernantes, y esa es la razón al realizar una sinopsis en torno a dos de ellos y su similitud: Iván el Terrible y Vladimir «El Carnicero» Putin.
Iván el Terrible
Su verdadero nombre es Iván IV Vasílievich Glínskaya y el apodo de «Iván el Terrible», se debe a la crueldad de sus actos como zar de Rusia. No sentía pudor alguno cuando ordenaba que escaldaran a sus enemigos en agua hirviendo o de igual manera, tampoco se afligía cuando hacía que inscribieran con fuego en la piel de sus prisioneros la frase: «Sin un terror semejante, no es posible la justicia en el mundo». Sentía sumo placer en decir que había violado a unas mil vírgenes y sin reparo alguno, de haber asesinado a muchos de los hijos que tuvo con ellas. Cuenta la historia que, después de tener una apacible siesta, iba a visitar las mazmorras de su palacio para contemplar el suplicio de los detenidos, lo cual le producía sumo placer.
Fruto de esa ira que lo acompañó siempre en el ejercicio del poder, golpeó de manera brutal a su suegra Elena por esta haberse vestido de manera indecorosa. De igual manera, al sentir que su hijo le protestaba, sintió tanta cólera e ira, que lo mató de un golpe con un bastón de hierro con el cual se desplazaba. Aunque fue un sanguinario y un déspota cruel, nunca se repuso de esta muerte brutal que le ocasionó a su hijo. Era hijo de Basilio III, príncipe de Moscú, y de Elena Glínskaya y fue nombrado al trono por su padre antes de morir con apenas 3 años de edad bajo la tutela de su madre, que falleció diez años después. En Rusia había varios clanes políticos con cierto poder como los Belski, Glinski, Obolenski y Shuiski que veían al heredero un estorbo para sus planes.
En sus años de infancia, Iván el Terrible fue sometido a muchas humillaciones por los Boyardos, que lo llevaron a vivir como un mendigo en el palacio del Kremlin, pasaba hambre y se robaron el dinero de la herencia de su padre. Él creció traumatizado y con un deseo de venganza enorme ante lo sucedido y acumulaba en su ser un odio profundo. Por eso, a los 13 años dio rienda suelta a esa ira acumulada y cometió su primer crimen al invitar al palacio a la familia Shuiski y a una orden suya atraparon a su líder, el príncipe Andréi al cual arrastraron por la calle hasta una jauría de perros hambrientos que lo devoraron. A los 17 años leyó por primera vez la palabra «zar» y supo que en la Biblia ese término era un prestigio, al igual que en los grandes imperios antiguos. Cuando se casó en la Catedral de Moscú con Anastasia Románovna el 16 de enero de 1547, se coronó como el primer zar de Rusia.
Sin lugar a dudas, lo que es hoy Rusia se lo deben a la crueldad política y sanguinaria de lo que hizo en su reinado Iván el Terrible. Le ganó a los Tártaros de Kazán, lanzó su ejército contra el kanato de Astrakán y esos triunfos le añadieron a Rusia un millón de kilómetros y comenzó a forjarse una potencia. Basado en la idea de lograr un vasto imperio, invadió a Livonia (hoy parte de Estonia y Letonia), pero esto le salió caro porque duró 25 años en guerra con Lituania, Polonia y Suecia, que arruinaron sus finanzas. Creó la «Opríchnina (el equivalente a la KGB) que sembró el terror en toda Rusia y dio paso a una gran burocracia y grandes latifundios en sus manos. Su policía creada con 6 mil miembros, implantó el terror, desafió a la iglesia, mataron y mutilaron a miles de ciudadanos, a los cuales les rompían los huesos, los laceraban con látigos y quemaban.
Ya en el epílogo de su existencia y su reinado de terror, lanzó expediciones militares las cuales hicieron posible la conquista de Siberia para Rusia. Finalmente, el hombre que no tuvo miramiento alguno para infligir dolor a los demás, de causar la muerte a miles y gozar viendo el suplicio a sus prisioneros, murió el 18 de marzo de 1854. No fue hasta el 1960 que se descubrió la verdadera causa de su muerte, la cual dictaminó que fue envenenado con mercurio.
El Carnicero de San Petersburgo
Vladimir Vladimirovich Putin Putina, nació en Leningrado (hoy San Petersburgo) el 7 de marzo de 1952. Fue un espía de la KGB rusa y llegó al grado de teniente coronel y, al igual que la mayoría de estos líderes socialistas, se conoce muy poco de su familia y lo que hay, es evidente que es preparado para su imagen. Así sucede con los Castro, con el de Cúcuta que a destruido a Venezuela y muchos otros. Pero, para conocer sus verdaderas raíces hay que hurgar e investigar, ya que eso es típico en ellos de deformar la realidad de su infancia, su entorno familiar y hacerla potable para su imagen presente, que es la que asimilan sus acólitos.
En consecuencia, con este trabajo voy a tratar de mostrar la similitud que hay entre el proceder de Iván el Terrible y Vadimir «El Carnicero» Putin, y para ello, me voy a valer (como hace el Pinocho del Bronx para justificar las atrocidades de Putin en Ucrania) de las investigaciones en torno a él que ha realizado el neurocientífico estadounidense James H. «Jim» Fallon, un experto mundial en sicópatas, criminales y dictadores y el cual lleva una década investigando e intentando descifrar el cerebro de Vladimir Putin y ha sido tan exitoso en ese campo, que la CIA y el Pentágono se valen de sus investigaciones para conocer mejor al nuevo zar imperial de Rusia.
James Fallon ha investigado la personalidad y motivaciones de los tiranos de Corea del Norte, Bielorrusia, Cuba, Venezuela y, en especial, Rusia, al extremo de que por la conducta criminal de Vladimir Putin en el poder, este se ha convertido en una obsesión en sus investigaciones. A petición de Human Rights Fundation, desde el 2010 ha estudiado a sátrapas de toda clase y en torno a Putin, ha llegado a la conclusión de que es un sicópata de los más complejos y peligroso que ha conocido. Muy diferente al criterio del Pinocho del Bronx que lo catalogó de «estadista». Pero antes, definamos lo que es un sicópata: «Son aquellos que muestran un trastorno antisocial de la personalidad, tienen una alteración del carácter o de la conducta social y son capaces de cometer actos delictivos muy graves como matar, robar e infligir sufrimientos, sin mostrar sentimientos de culpa». Es por eso la actuación despiadada tanto en Siria, como en Bucha y Mariúpol en Ucrania y el irrespeto que Putin siente por la vida de los demás.
Dice Fallon que: «La biografía de Putin está plagada de mentiras, algo típico de los sicópatas que esconden su infancia y juventud.» Y añade: «Ha sido difícil saber quiénes fueron sus padres y qué les pasó. Él dice que fue criado por ellos en San Petersburgo, pero su verdadera madre es georgiana. Estaba casada y tuvo un romance extramarital con un empleado del ejército y fue forzada a enviar a Putin a San Petersburgo con sus abuelos, que vivían en un ambiente terrible». Yo añado: caso parecido al de Fidel Castro. «Putin sufrió acoso de forma rutinaria desde niño e incluso abusos sexuales, de donde viene su sexualidad un tanto retorcida al hacer ménage á trois con hombre y mujeres», según las investigaciones de Fallon. Añade que: «Su sexualidad me interesa porque le gusta envenenar a sus enemigos, y eso es propio en las mujeres sicópatas». Ellos usan la violencia física, pero ellas envenenan… acotó Fallon.
Prosigue James Fallon y dice: «Sin dudas, Ucrania está pagando por la dura niñez de Putin» y ahora él es el abusador y los abusadores, como lo sicópatas, necesitan víctimas. Y yo añado, que es la misma postura que asumió Iván el Terrible por su niñez y que reflejó en su mandato como zar. Sostiene Fallon lo siguiente: «Ante un depredador no se puede mostrar debilidad. Te aplasta. Y ahora Joe Biden es el rival perfecto a los ojos de Putin». «Esperó hasta que tuvo a Biden de enfrente. Biden es una persona débil, con principio de demencia, que no sabe bien lo que hace. El rival ideal para un sicópata narcisista. Trump tuvo cuatro años de presidente y Putin no hizo nada parecido».
Más adelante Fallon dice: «Nunca he votado por Trump, no tiene ningún tipo de los 4 trastornos de personalidad tipo B los más peligrosos, pero se me antoja el antídoto perfecto para inhibir los impulsos expansionistas de Putin. Los abusones no se meten con gente como Trump.» Luego dice: «Putin vio a Zelenski como un cómico de televisión. Pero se equivocó. Todo el mundo se equivocó con él. En Estados Unidos tuvimos a Reagan. Actor. Tampoco lo tomaron en serio y acabó con la URSS y ganó la Guerra Fría.
Me gustaría seguir tratando el informe de James Fallon sobre la mentalidad de Vladimir Putin, pero el mismo es un poco extenso y no quiero excederme en la longitud de este humilde aporte, a fin de conocer a un sicópata y brutal asesino como lo es actual zar ruso. Es bueno aclarar, que muchas veces los que viven en Occidente no alcanzan a entender la admiración que siente una gran parte de la población rusa por estos personajes siniestros. Pero, los que nos gusta la temática política e indagamos por este tipo de conducta, entendemos más fácilmente las razones. Rusia a lo largo de su historia ha sido gobernada por déspotas, genocidas, criminales y dictadores. Como ejemplo podemos citar a Iván el Terrible, Pedro el Grande, Catalina la Grande, Vladimir IIyich Ulyanov «Lenin», Joseph Stalin y ahora, Vladimir Putin Putina.
La dialéctica que se le ha inculcado al pueblo ruso es: «lo hacemos por el bien de nuestra amada Rusia» y esto es algo que, trasmitido a modo de propaganda, ha producido en la población rusa cambios epigenéticos que los ha moldeado al deseo de esta clase de gobernantes despóticos y autoritarios durante siglos. Por eso, a decir de Víktor Yúshchenko, envenenado también por los rusos con dioxina, dijo: «Vladimir Putin, quiere parecer ante el pueblo ruso como el salvador de los esclavos. Por eso apela a la Rus de Kiev.
Para finalizar, el neurocientífico Jame Fallon establece que: «Putin comparte rasgos similares con otros dictadores: traumas infantiles tempranos. Este es el disparador común que determina su conversión en sicópata. Y luego lo típico: son mentirosos patológicos, manipuladores, emocionalmente superficiales, gozan de buena memoria, carisma, dominio del miedo y la ansiedad (algo fundamental para el sicópata), son sádicos e hipersexuales…»
Como pueden ver estimados lectores, la similitud entre Iván el Terrible y Vladimir «El Carnicero» Putin es muy similar y cae en los parámetros que establece magistralmente el Dr. James Fallon. En consecuencia, estamos de frente a un sicópata, por demás, con serios problemas de salud, el cual apretar el botón nuclear ante la cercanía del fin de su existencia terrenal, le daría tres pitos, pues ellos gozan con el sufrimiento de los demás.

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